El Compendio Hermético: Vitiolum Hermeticum

Eclesiástico, XXXVIII, 4: El Señor hace que las plantas medicinales crezcan y salgan de la tierra, y un conocedor no las desprecia. En la sal de la tierra está el aceite de la misericordia y el agua de la vida.
- V
- COMPENDIUM HERMETICUM
- VARIAS SENTENCIAS SOBRE EL ARTE HERMÉTICO O QUÍMICO
- SIETE PROPIEDADES NECESARIAS EN LA PIEDRA
- DEL TRABAJO PREPARATORIO A LA OBRA HERMÉTICA
- SOBRE LA MATERIA PRIMA
- SOBRE LA PIEDRA FILOSOFAL
- EL FUEGO FILOSÓFICO
- LA TIERRA PURA
- EXPLICACIÓN DE ALGUNAS EXPRESIONES USADAS EN LOS ESCRITOS HERMÉTICOS
- UN EXTRACTO DEL ESTIÉRCOL DE LOS FILÓSOFOS
- PRESCRIPCIONES DE LOS FOLÓSOFOS PARA LA PALINGENESIA DE LAS PLANTAS
V
Une el fuego y el agua, ¡Señor! es tu obra, porque en Él está el poder y la fuerza; saber cómo extraer sabiamente la luz de la oscura oscuridad. Esto es la verdadera maestría.
Eckhartshausen
COMPENDIUM HERMETICUM
O resumen de la Ciencia Hermética extraído de muchos escritos y claramente expuesto por Theodore a Silva
I Corintios, XII, 4:
Hay muchos dones, pero solo un Espíritu, y hay muchas fuerzas, pero solo un Dios que obra todo en todos.
Pero la inteligencia se da solo a los elegidos para la preparación del trabajo y los días, a aquellos que son bendecidos con suficiente fortuna y buen sentido, no a aquellos que han merecido indignidad por la gravedad de sus faltas.
Entre los dones de la Sabiduría perfecta debemos contar también, en esta vida, el conocimiento natural de la Alta Química. Gracias a ella, se puede sacar luz de la oscuridad y lo inmortal de la materia putrescible; al hacerlo, preparamos la medicina universal, cuando sabemos cómo transformar la luz en un suave aceite bebible que es entonces el verdadero bálsamo de la vida.
El camino secreto de Dios no se encuentra en los escritos, debe buscarse en la naturaleza, en lo que las criaturas nos testifican de Dios. Algo imperecedero está oculto en la putrescibilidad; si eliminamos esto, llegaremos al jardín secreto de Salomón, es decir, al paraíso, y podremos extraer agua de la fuente sellada de Dios.
VARIAS SENTENCIAS SOBRE EL ARTE HERMÉTICO O QUÍMICO
- Sabed, sabios, que nada ha sido oculto por los Adeptos sino el principio y el secreto del Arte, que es el más difícil y no significa otra cosa que esto: destruir el cuerpo y cambiarlo en espíritu.
- Todo error en el Arte consiste en que no se sabe obtener la materia adecuada.
- Admitid en primer lugar que se cometieron muchos errores; pues el primer trabajo es disolver la realidad de la Piedra.
- Se dice que la Piedra es mineral porque está hecha sólo de minerales.
- Es necesario escoger una naturaleza metálica y que sea en parte activa y pasiva, de lo contrario no se logrará nada.
- Es estúpido creer que no se debe preparar y hacer sutil la materia espagírica antes de que esté pronta para la Obra.
- Hasta que no hayáis comprendido la materia metálica según su principio mismo, no os será posible comprender la verdadera Alquimia y llegar a la transmutación exacta, verdadera y natural.
- La Materia Prima de los cuerpos es una especie de vapor untuoso y húmedo; es en tal vapor en el que deben cambiarse los cuerpos. Y tal vapor se llama Piedra y principio de la operación que realizamos sobre la materia, es el azufre untuoso de donde se extrae todavía la Quinta Esencia.
- Un humo blanco o una sustancia humeante tiene en sí una humedad untuosa de la cual el alquimista separa la humedad filosófica que conviene a la Obra y que será clara como una lágrima; en la primera está la esencia metálica y en la segunda el medio de unir las tinturas porque tiene la naturaleza del azufre y del azogue.
- La sustantiva humeante y volátil susodicha se transforma y así se fija en una naturaleza estable y firme que resiste al fuego.
- La razón por la cual el metal debe ser reducido a vapor es que vemos todas las cosas generadas por mediación del Mercurio viviente que fue generado por él. Es por la naturaleza mercurial que nos nutrimos y alimentamos. En efecto, sin ella, no hay vida animal ni vegetal, porque cualquiera que sea la cosa de la que se separe, se sigue inmediatamente la corrupción y la muerte, ya que es la levadura, la vida y la existencia de todas las cosas.
- El azogue es el germen de los metales y su origen.
- El azogue es un fuego que quema los cuerpos más que el fuego ordinario; es nuestra agua que se disuelve por una solución que no es vulgar sino filosófica, en la que el cuerpo vuelve a la primera agua de la que surgió; es precisamente esta misma agua la que transforma el cuerpo en cenizas.
- En el agua filosófica reside el espíritu de la esencia a quien solo pertenece el poder de corromper magistralmente los cuerpos y transmutarlos en materia prima.
- Todo nuestro magisterio está hecho con nuestra agua, y en verdad, ella es el germen de los metales y todos los metales se reducen a ella.
- La Piedra es única en todo el mundo y en vano trabaja quien se ha desviado de ésta en el principio de la Obra.
- En nuestra Piedra están el Sol y la Luna, en potencia y no en forma visible, sino en poder y esencia.
- Si extraéis esta Piedra de la materia donde está y si empezáis a trabajar en torno a ella hasta la perfección, empezando por donde la dejó la naturaleza, encontraréis en ella la perfección y os alegraréis.
- Se dice que la Piedra es toda la realidad porque tiene en sí todo lo necesario para su perfección. Se encuentra en todas partes por su participación en los elementos, se le llama con todos los nombres por la admirable variedad de colores de su naturaleza.
- Nuestra Piedra se considera fría y húmeda por fuera, pero en lo que no se ve es caliente y seca. Por eso es importante ocultar lo que se manifiesta y hacer manifiesto lo que estaba oculto. Pero lo que está oculto es un aceite caliente y seco y eso es lo que da el color, nada más.
- El primer grado de nuestro método o de nuestra Obra es la disolución de la Piedra en el agua espiritual, ya que el primer modo de preparación tiene por fin que la Piedra se convierta en Mercurio. Pues es el primer cuerpo que opera en las cosas para hacerlas volver a su propio modo.
- El agua que queda, o el vino ígneo, se llama agua corpórea, es decir, cuando el cuerpo se ha reducido a mercurio; y del agua que queda nada se hace; y lo que no se evapora en el agua se llama piedra.
- El agua mercurial es materia extraída de todos los metales y con ella todos los metales se disuelven y no pueden ser reducidos a otra cosa. Si los metales no se disolvieran en su materia por esta agua mercurial, lo que queremos hacer no sería posible.
- El Agua de los Filósofos se llama Bronce de Hermes. Los Adeptos han hablado de esto en sus escritos. En nuestra agua se verifican todas las transformaciones, a saber: sublimación, destilación, disolución, coagulación, fijación.
- Todas se hacen en dicha agua, como en un recipiente artificial, lo cual es el gran secreto.
- Los Adeptos han dado múltiples y variadas denominaciones a estas operaciones que en realidad son una y la misma cosa, de modo que la Ciencia permanece oscura para los no iniciados.
- La permutación del cuerpo en agua es la tintura de cualquier cuerpo. Pero hay que observar qué diferencia hay entre la tintura de agua y la de aceite: la tintura de agua lava y purifica, la tintura de aceite tiñe y colorea.
- El espíritu de los metales es la materia prima de nuestra Piedra que debe ser extraída de los cuerpos de los metales.
- Este espíritu mismo es el extractor y reductor del alma, y el reformador de toda la Obra y todo lo que buscamos está en él.
- Si el espíritu de los metales se liberara a consecuencia de la inercia de su cuerpo, ejercerá sus movimientos y sus acciones sobre cualquier cuerpo que se le someta.
- Es a causa de la menstruación que los cuerpos sufren una disolución natural y que su espíritu pasa de la potencia al acto y según esta definición, se demuestra que la disolución de los metales sólo debe hacerse a partir de su principio.
- El espíritu es doble, a saber, preparador y teñidor. El espíritu preparador disuelve y extrae el bronce del cuerpo de magnesia y lo reduce de nuevo a sí mismo.
- El Mercurio de los Filósofos es el alma de todo metal disuelto que tiene la facultad de transformar mejor lo que le es semejante.
- Nuestro mercurio, es decir la tintura, se extrae de la sal incorruptible [grano] creada por el poder divino. Esta sustancia es un éter untuoso; en ella está el espíritu de la quinta esencia a la que solo pertenece la virtud de corromper y transformar el Oro en materia prima. Este es el mayor secreto escondido por los Antiguos.
- El oro extraído de esta Piedra es el Oro filosófico y es tintura dotada de alma.
- Nuestro oro no es oro común porque es espiritual; disuelve los cuerpos imperfectos separando lo puro de lo impuro.
- El Bronce de los Filósofos es su Oro, y lo que hay de perfecto en este bronce es el color verde [viridez] que nuestro Magisterio transforma en nuestro Oro.
- ¡Oh bendita verosimilitud que todas las cosas regeneras! Por eso sabemos que ninguna vegetación, ningún fruto brota sin que aparezca en ellos el color verde; por eso los Adeptos le han llamado germen, porque tiene la virtud de hacerlo germinar y hacerlo crecer.
- Toda verdad que se encuentra en el Arte Alquímico es unir lo húmedo con lo seco. Por húmedo entendemos el espíritu líquido liberado de toda impureza; y por seco el cuerpo perfecto, puro y calcinado. Disolver es transformar el cuerpo en naturaleza espiritual, pero coagular es, por el contrario, devolver el espíritu a la naturaleza corpórea de modo que lo fijo se haga volátil y lo volátil se fije.
- La disolución del cuerpo y la coagulación del espíritu son dos cosas, pero tienen una sola operación; pues el espíritu no coagula sin que el cuerpo se disuelva y el cuerpo no se disuelve sin que el espíritu coagule.
- Con el radical húmedo se mezcla una tierra sutil y pura sin la cual el espíritu de la Piedra no podría retenerse ni poseería el complemento de su fuerza.
- La putrefacción filosófica no es otra cosa que la corrupción o destrucción de los cuerpos.
- Nuestra putrefacción no es sucia ni impura. Sino que es la mezcla del agua con la tierra y de la tierra con el agua a través de partículas diminutas hasta que el cuerpo logra la unidad.
- La tierra con su agua se pudre y se purifica; cuando se haya purificado, toda la Obra llegará a su fin con la ayuda de Dios.
- El azogue sublime de nuestro bronce, de que todo está hecho, es agua pura y verdadera tintura. Porque de nuestro bronce sale el azufre blanco en el que se retiene el espíritu para que no huya.
- Si no habéis hecho blanco primero nuestro bronce, no podéis hacerlo rojo, porque nadie puede pasar de un extremo a otro sin pasar por un término medio.
- Nuestra magnesia, una vez blanqueada, no deja escapar el espíritu ni dejar aparecer ninguna otra traza de bronce. Es ella, en efecto, quien es el azufre blanco fijo que tiñe y perfecciona todos los cuerpos.
- El azufre es el espíritu de la naturaleza regeneradora que actúa en la humedad que le conviene; su sustancia es incombustible y da color a sus hijos [a los que engendra].
- La esposa de este azufre es nuestro mercurio recibiendo al feto por su impregnación, porque su humedad es propia de la creación de los metales.
- El mejor azufre, llamado Apyron, se considera vivo, resplandeciente, muy brillante.
- El Azufre de los Sabios arde para blanquear y mejorar.
- El Dragón es el azogue extraído de los cuerpos; tiene cuerpo, alma y espíritu.
- Su cola es su Sal, ceniza en cenizas. Esta ceniza magnificada es la levadura del oro vulgar.
- De todas las cosas se puede hacer cenizas y de estas cenizas sal, y de esta sal sale el agua; de esta agua se hace el mercurio y de este mercurio, por diversas operaciones, el Sol.
- La raíz del Arte es el jabón de los Filósofos que es el mineral de todas las sales, más fuerte en su género que todas las sales. Con él se calcinan todos los cuerpos y las mentes, con él se hacen todas las disoluciones y coagulaciones.
- Muchos se equivocan en la extracción del Mercurio del Oro y de la Plata; pero si leyeran con atención lo que dicen los Filósofos, llegarían a ello muy fácilmente y con poco trabajo.
- La tintura se extrae de nuestro oro, no del oro común; puede llamarse alma del oro, pues es el aceite de azufre vivo.
- El aceite de azufre vivo se hace con el agua primera de los metales por medio de calor suave; y veréis flotar el aceite como el licor destilado del Oro, incombustible.
- Este aceite que liga las naturalezas dándoles apariencia de cera y que lleva los elementos separados a la medicina, retiene el color del Espíritu hasta que se espesa y entonces toma el color amarillo y la apariencia de los metales.
- En la Sal primordial está el plomo de los Filósofos. Plomo es el nombre del macho entre los Filósofos y Azoth el nombre de la hembra. El macho es caliente y seco, la hembra fría y húmeda.
- El aceite es la turba de todos los metales que nadan sobre las menstruaciones después de su disolución. Es, de hecho, necesario que los cuerpos se conviertan en aceite. Este aceite también se llama estrella del Sol.
- El azogue que se extrae de los metales perfectos se dice que es aceite incombustible, alma y éter, esplendor de los cuerpos, porque confiere vida inmortal a los metales muertos e imperfectos.
- Todos los metales se reducen a la mercurialidad; Por lo tanto, eran mercurio, porque todo participa de aquello a lo que se reduce. Desaparece así la objeción de quienes dicen que la especificidad de los metales no puede transmutarse; lo cual es cierto, como afirman, salvo que puedan reducirse a su materia prima. Entonces, en verdad, tendrás el germen propio de los metales, del cual se engendran artificialmente. En efecto, así como los metales han sido generados naturalmente a partir del germen mismo de los metales, también pueden ser generados a partir del mismo germen procediendo artificialmente.
- Tres formas son necesarias y suficientes para todo el magisterio, a saber, el humo blanco, es decir el Agua celestial, la verdor del León y el Bronce de Hermes. Pero estos tres elementos forman propiamente un todo, porque todo el magisterio se hace con nuestra agua y es por ella y con ella que se hacen todas las cosas necesarias. Sólo el agua hace todo por sí misma, disuelve todo, coagula todo, deshace todo sin ayuda de nada. Es en ella donde suelen aparecer los colores agradables.
- El receptáculo de los Filósofos es su agua, pero todos reconocerían que el agua misma debe estar contenida en un determinado recipiente.
- La luna llena es la raíz de todo a través de ella, el agua cobra su pleno sentido porque está dominada por todos los estados de ánimo; el alma aérea y el fuego secreto de nuestra filosofía; [es] nuestra agua. (aeschmayim de los cabalistas).
- Así como el año se divide en 4 partes, así también nuestra bendita Obra; En efecto:
Primero, es invierno, frío y húmedo. - Segundo, primavera, calurosa, húmeda y florida. Tercero, verano, tiempo caluroso, seco y resplandeciente. Cuarto, otoño, tiempo frío y seco, propicio para la recolección de frutos.
- En la Obra de la Piedra aparecen cuatro colores: negro, blanco, amarillo y rojo. Esta oscuridad en que está la humedad se va trocando en diversos colores y finalmente en blancura.
- El blanqueo es el principio de la obra y el sostén de todo el cuerpo, y éste no pasa entonces por diversos colores, salvo por el rojo que está al final de la cocción del tinte. El amarillo es lo que se da entre el blanco y el rojo y no se dice que sea un color perfecto. Ahora bien, en la decocción, después del blanqueo, no se puede equivocar; porque la cantidad de calor aumenta gradualmente. El color rojizo se crea como resultado de una asimilación adicional, como la sangre que, en los humanos, no se regenera si no es asimilada previamente por el hígado.
- El fuego natural solo, fortificado por el nuevo fuego natural, es nuestra intención, porque el fuego antinatural es dañino y el fuego natural contiene en sí mismo la virtud activa. Todo lo que la virtud celestial elemental hace en los vasos de la naturaleza, lo hace también en los vasos del alquimista, sólo que en la manera en que las cosas se forman según los vasos naturales de la naturaleza. Lo que la naturaleza hace por medio del calor del sol, lo hace también el calor de la lámpara; éste, sin embargo, está templado para que no exceda la virtud motora y formadora [de la naturaleza].
- Cuando veas aparecer lo blanco en la superficie de tu recipiente, alégrate y ten la certeza de que en este blanco está oculto el rojo. Y este color rojizo, no debes extraerlo, sino sólo someterlo al fuego hasta que el rojo se haga completamente allí.
- Por la putrefacción todo se digiere y pasa a formar parte de lo pútrido; éste es fétido, pero puro.
- El calor que actúa en un cuerpo húmedo produce primero el negro [nigredo]; asegúrate de obtener el color negro al principio y entonces estarás seguro de que te pudres y de que estás procediendo por el camino correcto.
- Cuando los Filósofos vieron la cosa disuelta de esta manera, llamaron amoníaco a la sal y cuando se pudrió, entonces dijeron que nuestra Piedra es vil y se revela en el estercolero, y cuando se ha convertido en agua [dijeron] que tanto ricos como pobres la poseen y se encuentra en todas partes; y cuando era blanca, la llamaron arsénico, y después de todo lo que es blanco, y leche virgen; y cuando se ha vuelto roja, la llaman Azufre, Jacinto, Sangre y el nombre de todo lo que es rojo.
- Muchos Adeptos han llamado fijación a la calcinación y tienen razón porque todas estas formas de operar están en la sublimación. Ciertamente, si alguien sublima perfectamente, hace todo el trabajo y se hace en un horno y un recipiente.
- Todo el fin de la sublimación consiste en esto: una vez quitada la terrenalidad de los espíritus, una vez rechazada de ellos la parte más evanescente y vaporosa, debe quedar su sustancia media, es decir, aquella parte igualada que hace una fusión simple sobre el fuego, sin arder.
- No podemos encontrar ninguna sustancia resistente al fuego, excepto la única humedad untuosa, perfecta y no ardiendo; y ésta, cuando está debidamente preparada, conduce todos los cuerpos que toca al complemento solar más auténtico y, sobre todos los cuerpos, sobre todo a la luna.
- La sal de los metales es la Piedra de los Filósofos. En efecto, nuestra Piedra es agua congelada en oro y plata; resiste al fuego y se disuelve en su misma agua, de que está compuesta. Por lo tanto, la reducción de los cuerpos a su materia prima no es otra cosa que la resolución de la materia congelada.
- De todos los metales se puede sacar el Vitriolo, es decir, la sal fundida y pura que es la verdadera Piedra Filosofal en la que están unidos y vivos el Sol, la Luna y el Mercurio.
- Esta sal fundible, que los árabes llaman Sal de Alembroth, es una sal muy noble, fija, finísima, que penetra todos los humores interiores del cuerpo, elixir completo, secreto de secretos.
- Toda sal fija se considera como un cuerpo o como un residuo, y tal sal se extrae de las cosas calcinadas; y nuestra sal, que es tintura, se extrae de la cal de los metales.
- De tal sal, he aquí lo que dice un autor, primero se convierte en cenizas, luego en sal, y de esta sal, por diversas operaciones, se hace el Mercurio de los Filósofos.
- Sabréis como un secreto grande y cierto que no hay camino ni medio más corto que operar por la sal de los metales, pues en ella no puede surgir defecto alguno.
- Quien posea sal fusible y aceite incombustible alabará a Dios.
- La sal de los metales transmuta el azogue vulgar en verdaderos Sol y Luna.
- Sublimar es extraer de los residuos elementales la quinta esencia (quintaesencia) o el aceite que es el Cielo de los Filósofos o la Naturaleza ascendente; los residuos elementales son la tierra.
- Del Plomo de los Filósofos se extrae cierto aceite del color del oro o casi; si sublimas con él la Piedra mineral o vegetal o mixta después de la primera fijación en tres o cuatro formas, eso te eximirá de todo trabajo de solución y coagulación. La razón es que es este aceite oculto el que permite que la medicina penetre y se una a todos los cuerpos y el que aumentará extraordinariamente su efecto. Si sabes preparar y adaptar bien este aceite y si trabajas con la mezcla mencionada, podrás componer la Piedra en treinta días.
- De todos los metales se puede sacar la sal, y toda sal de metal es el elixir. En la sal del metal están ocultos el elemento tierra y el elemento fuego. El fuego y la tierra son los elementos extremos; el agua y el aire los elementos medios. Los dos extremos, fuego y tierra, son fijos; ambos medios, agua y aire, son volátiles. En todas las cosas que son combustibles, su agua y aceite pueden separarse de la tierra. Pero en los metales, el aceite -o el fuego- no pueden separarse de la tierra porque las cosas que han sido fijadas en el fuego permanecen unidas.
- Todos los Antiguos Sabios de la Alquimia sacaron conclusiones sobre la Sal que dicen Jabón de Sabiduría y Llave que cierra y abre, y otra vez: que cierra para que nadie abra.
SIETE PROPIEDADES NECESARIAS EN LA PIEDRA
1°. Oleaginidad (carácter aceitoso): Proyecta la fusión universal y apertura a la medicina. Porque el primer paso necesario de la medicina es la fusión sostenida y adecuada que se logra gracias a la oleaginidad natural.
2°. Sutileza Espiritual: Fluye en la fusión como agua, penetrando en la profundidad de la cosa susceptible a mutaciones porque, después de la fusión, es necesario un medio de penetración para la medicina.
3°. Afinidad entre el elixir y la cosa a transmutar: Esto da la facultad de recibir y retener, porque después de la penetración, la adhesión es necesaria para la medicina.
4°. Humedad Radical Ígnea: Coagula y consolida las partes retenidas mediante la unión inseparable de las partes similares.
5°. Pureza y Claridad: Purifica y da un esplendor radiante a la cosa a transmutar.
6°. La Tierra Fijadora: Templada, sutil, incombustible, que proporciona una fijación estable.
7°. La Tintura: Otorga el color resplandeciente y perfecto.
Así como aquellos que desean comprender las maravillas de Dios y piden fervientemente al Padre la iluminación de sus luces, reciben en la misma medida el espíritu de la sabiduría divina que los conduce a toda verdad y por la fe vivificante los lleva al vencedor, así este León de la tribu de Judá, quien únicamente desella y abre el libro de la regeneración cerrado con los siete sellos, en cada hombre fiel, para que pueda nacer en él ese Cordero que desde el principio fue inmolado y que es solo Señor de Señores.
Él, con su cruz de humildad y mansedumbre, crucifica al viejo Adán hasta la muerte y regenera al hombre nuevo nacido de la semilla de la Palabra de Dios. De igual modo, un proceso típico se encuentra en la obra filosófica de regeneración, donde el León verde.
DEL TRABAJO PREPARATORIO A LA OBRA HERMÉTICA
Nada ha sido guardado más secretamente por los autores herméticos que el inicio de la Obra, que es la operación más delicada; consiste en esto: destruir la materia cruda mediante la disolución y transformarla en un líquido espiritual. Ningún Adepto ha llamado a la materia cruda por su verdadero nombre, ya que solo hablan de la materia cruda que se toma de la materia cruda.
El trabajo preparatorio, por lo tanto, consiste en separar la materia prima de la materia cruda; de hecho, sería absurdo creer que la materia hermética no debe someterse a una preparación preliminar.
En consecuencia, el secreto del Arte Alquímico es el conocimiento del material que se usará para extraer de él la materia prima; es la preparación del Caos de los Sabios; es la separación de los principios verdaderos; es saber cómo unirlos naturalmente y someterlos a un proceso de cocción apropiado. Hay muchas materias cuyos principios pueden separarse; y hay muchos caminos en el Arte Alquímico, pero los más cortos son los mejores. Que nadie se deje engañar por las múltiples formas en las que algunos, de la manera más dolorosa, han obtenido la materia prima.
Los Adeptos dicen que su Arte consiste en disolver y coagular, y deben ser creídos; porque la materia debe primero disolverse, reducirse a sus componentes, que luego deben unirse mediante la coagulación.
Entre los minerales, se deben elegir aquellos en los que la luz ha alcanzado un punto de máxima concentración y en los que también se contiene el fuego más ardiente.
No es necesario usar un mineral que ocurra naturalmente; porque si no puedes encontrarlo, también puedes trabajar en metales. Pero como estos tienen una densidad demasiado alta debido a la acción vinculante del Saturno subterráneo, no pueden disolverse correctamente antes de haberlos reducido previamente al estado mineral, para hacerlos permeables a los disolventes herméticos.
Cierto autor habla de un elemento particular que llama Electrum mineral immaturatum. Quien llega a conocer este compuesto, conoce la materia cruda, pero ya elaborada, que el Adepto debe usar para extraer de ella la humedad radical. Es extremadamente difícil para alguien que busca el secreto sin ser guiado por un maestro experimentado encontrar el punto óptimo que debe ser el de la verdadera materia que constituye el objeto de la Obra filosófica. La mayoría de los investigadores suelen estar tan confundidos por la abundancia de recomendaciones que no pueden encontrar ni reconocer la sal [Korn] que resiste al fuego o la verdadera humedad radical. Es precisamente lo que muchos autores llaman humedad espesa y viscosa, es la verdadera materia prima de los metales que sólo resiste al fuego porque está mezclada con una tierra blanca.
Para obtener esta humedad radical, los minerales deben ser triturados y calcinados, pero deben ser tratados de una manera muy especial.
Quien quiera preparar medicina y metales, liberándolos de sus impurezas, debe saber cómo hacer que los minerales y metales sean completamente volátiles, es decir, convertirlos en un humo o un vapor que se eleva, porque esta es la cualidad específica de la materia prima de los metales. Pero este vapor se precipita en agua y esta puede transformarse en una tierra fija.
La razón para convertir minerales y metales en un humo blanco volátil o vapor es la misma que para otras cosas creadas: todo comienza como una sustancia etérea, el verdadero mercurio viviente que se condensa en un líquido espeso y viscoso. De este líquido, todos los Sabios dicen que es un agua mercurial, azufrosa y espesa; que es la levadura universal pura de todas las cosas y contiene la esencia de la vida.
Los Sabios llaman unánimemente a esta agua original mercurio y dicen que contiene todo lo que buscan.
En su estado de extensión y pureza, el mercurio es el éter vital o el elemento vital universal. En el estado líquido, es el disolvente universal y ofrece muchas similitudes con un ácido fosfórico puro. En el estado sólido, es la Sal Central que fija lo volátil.
El mercurio, este espíritu astral, es la materia prima de todas las cosas; es la vida de todos nosotros y lo atraemos al respirar en él. También es la clave esencial del Arte.
Es muy cierto que nuestra materia contiene en sí misma todo lo necesario para el Arte y que es necesario evitar, mientras se trabaja en ella, todas las superfluidades; sin embargo, esta observación no se aplica al trabajo preparatorio, sino después del trabajo, porque este último es el trabajo de la naturaleza sola, mientras que el trabajo preparatorio es completamente artificial.
Un autor define brevemente las tres principales operaciones de la Obra filosófica de esta manera: en la primera operación se hace agua clara; en la segunda, se precipita en una tierra llamada sal, luna o plata; en la tercera se obtiene un azufre rojo como la sangre. El trabajo, por lo tanto, mediante el cual se prepara esta agua clara, es el trabajo preliminar.
De todos los metales, pero particularmente del hierro y el cobre, cuando han sido reducidos a una especie de mineral, se puede preparar un vitriolo filosófico del cual emana, mediante destilación, un humo blanco que se precipita en un agua clara en la que están contenidos los tres principios.
El humo blanco del mercurio, expulsado del Electrum, es el verdadero Caos de los Sabios donde se mezclan el rojo y el blanco; es, ante todo, un agua seca, o un aire coagulado contenido, invisible, en la materia prima.
SOBRE LA MATERIA PRIMA
La materia prima es la semilla de la multiplicación. Esta semilla es aire coagulado; en ella se unen en un único líquido las dos sustancias básicas, es decir, el azufre de la naturaleza y la sustancia de la naturaleza. Este es el elemento incombustible, o el carbono puro en extensión que se ha unido con el éter vital. Este líquido es la humedad radical de la naturaleza; los Antiguos lo llamaron la Fuente de la Vida.
Solo en esta materia se puede encontrar el Mercurio de los Sabios, que contiene en sí todo lo que los Adeptos buscan. También llaman a esta materia Caos, un azogue que contiene en su interior la esencia de la vida. Este Caos posee todas las propiedades que se pueden encontrar bajo el sol; es frío y caliente, húmedo y seco, y de todos los colores. Pero estas cualidades están tan confusamente mezcladas que no se pueden diferenciar unas de otras.
Todos los Sabios Herméticos afirman que, en la medida en que uno conoce la materia prima, puede estar seguro de haber descubierto el santuario de la naturaleza; porque entonces posee el agua ígnea o el fuego acuoso que los Sabios más antiguos llaman el Mercurio Universal.
En la niebla o humo que surge de la materia caótica y que se asienta en el recipiente como licor mercurial, se encuentran los tres principios que luego se desarrollarán del licor mediante destilación y separación.
Primero aparece el blanco y SUBTLE MIND; con ella se obtiene el azufre, o ánima, fuego vivo, un aceite transparente de un hermoso rojo rubí. Finalmente, queda la sal, que también se extrae con el espíritu.
Los tres principios constituyen la materia más inmediata para la obra filosófica; porque la materia de los metales es doble. En su primer estado, es la materia menos utilizable de inmediato, porque está compuesta por cuatro elementos que el artista no puede producir ni procesar; por lo tanto, debe ocuparse de la materia inmediata en la que se encuentran los tres
principios que pueden extraerse de todas las sustancias.
SOBRE LA PIEDRA FILOSOFAL
La palabra piedra tiene diferentes significados que se aplican mejor a las tres etapas del Trabajo. La piedra de la primera etapa es la sustancia pura, espiritual y mercurial, o también el agua del principio del mundo, el húmedo radical. La piedra de la segunda etapa es esta misma materia, cocida, digerida y coagulada en un azufre incombustible.
En la tercera etapa, la misma materia se lleva a la perfección del tinte fijo y colorante. Los Sabios también llamaron a su Piedra animal, vegetal y mineral; no porque deba tomarse de los tres reinos, sino porque es un cuerpo regenerado en el que están incluidas todas las virtudes y
cualidades de los tres reinos naturales, incluido el éter; estos han sido elevados, mediante disolución y coagulación artificial, al grado más alto de su poder previamente paralizado.
La Piedra se llama vegetal por su virtud fertilizante; pero se llama animal cuando aún no ha recibido la semilla metálica por fermentación con oro y puede usarse como medicina. Se llama mineral cuando ha sido terminada para la proyección. Preferentemente, y con razón, se llama a la Sal de la naturaleza la Piedra de los Sabios porque es la verdadera semilla incombustible y estable de los metales y el Padre del Oro.
EL FUEGO FILOSÓFICO
Nuestro fuego, como un ser cuya acción es natural, es la clave de nuestro Arte. Descansa, invisible, en la mayoría de las cosas y permanece bastante inactivo hasta que el Arte lo pone en un estado de acción. No puede ser producido, porque existe desde toda la eternidad y engendra todo en el mundo.
Este fuego elemental es la luz del primer día de la creación que, separada de los demás elementos, produce un resplandor; pero unido a estos, es invisible e incognoscible. El fuego natural, por ser el principio de la forma, no puede ser capturado ni separado en su pureza mediante destrucción analítica o intervención artificial, ya que los sentidos no pueden captar las formas, que son espirituales.
Es en lo profundo de la tierra filosófica donde el fuego sagrado tiene su mayor concentración; pero se desarrolla fácilmente mediante la acción de elementos relacionados con él en la humedad radical, cuando esta penetra en las profundidades de la tierra.
Los fundadores del sacerdocio más antiguo no dijeron en vano que el Cielo está en la Tierra, pero de una manera terrenal, y que la Tierra está en el Cielo, pero de una manera celestial; por lo tanto, son parientes cercanos.
Sin embargo, el fuego original nunca está sin un vínculo con la tierra, y este vínculo que une la fuerza expansiva y la fuerza contractiva es la humedad radical, que es el bálsamo universal, el precioso elixir de la naturaleza. No está bajo la dominación del fuego vulgar, ya que no disminuye ni se evapora bajo la acción de este último.
El fuego natural es llamado por algunos el León Verde, no por su color, sino por su virtud fertilizante; está escondido en la Sal filosófica y quizás sea considerado la sangre de la naturaleza. Cuando un artista, separando la materia filosófica, ve una sustancia luminosa, sutil, clara, incandescente y brillante como un rubí, puede estar seguro de que ha visto el secreto de los Sabios.
Este líquido sutil y luminoso es llamado por algunos el Cielo de los Filósofos y constituye la parte más fina y clara del azufre vivo. El Cielo de los Filósofos es un aceite sutil que es de una naturaleza muy ígnea y que constituye la verdadera humedad radical; esta es incombustible y puede coagularse de tal manera que ninguna acción del fuego sea capaz de eliminarla.
En sus escritos enigmáticos, los hermetistas todavía hablan de tres fuegos diferentes: fuego natural, fuego no natural y fuego antinatural. Llaman fuego natural al espíritu ígneo que está oculto en la materia y que puede ser despertado por una estimulación adecuada.
Llaman fuego no natural al que debe ser añadido e introducido artificialmente en la materia como un estimulante para aumentar el poder del fuego natural.
Llaman fuego antinatural al que corrompe la composición alquímica y destruye su “temperamento”, pero es realmente el mismo que luego abre el camino a la generación.
Bajo la denominación de estiércol, los Filósofos no se refieren tanto a un calor exterior como a aquel interior, del azufre rojo que contiene el fuego natural. También se refieren con estiércol al fuego húmedo del agua de materia prima. Por eso un autor escribe: “toma la tierra y calcínala para Hacer un estiércol húmedo, hasta que se vuelva blanco y grasiento, entonces tendrás azufre fijo e incombustible”.
En la naturaleza, uno ama al otro, es decir, cada elemento ama aquello que está relacionado con él. Esta simpatía consiste en una fuerza magnética; pero la simpatía no puede encontrarse en otro lugar que no sea en una sustancia hermafrodita que tiene el imán en su centro. Quien sepa unir el Cielo y la Tierra encontrará el imán con la misma facilidad. El magnetismo, es decir, la atracción recíproca de la Sal y el Espíritu de todas las cosas, así como su unión, produce la materia de la tintura; y si, al unir un aceite mineral espiritual y la tierra, es decir, la Sal, obtenemos un líquido grasiento y pesado, entonces poseemos la semilla de todos los metales.
El fuego interior del que se habló es el que hace que la Piedra “madure2” con el tiempo y se coagule; el fuego exterior, que es absolutamente necesario en la operación, solo estimula y pone en movimiento al interior. Pero del fuego exterior común, que solo puede ser el fuego de una lámpara, se dice que debe ser bastante moderado y no exceder el calor interno natural; por eso aquellos que hacen especial mención de él, comparan el calor necesario para la maduración de nuestra tintura con el de una gallina empollando.
Y cuando varios autores recomiendan enfáticamente no llevar el fuego vulgar al santuario, esta es solo una de sus disputas, y es cierto que el fuego vulgar no debe añadirse a la materia, por temor a corromperla; pero eso no excluye el calor exterior que debe colocarse bajo el vidrio.
LA TIERRA PURA
La tierra blanca, el elemento más interno de la naturaleza material, es la sustancia básica en la que están contenidos los tres principios. Es la naturaleza sujeta a variaciones, el primer ser visible e inteligible que Dios creó; siempre aparece en una forma blanca.
Los Antiguos decían: "omnia in manu Dei alba sunt, ut ab ipso tingi possint” (todo en la mano de Dios es blanco, para que pueda ser teñido por Él).
La tierra blanca yace profundamente en todas las cosas; es el tabernáculo del sol; no es necesario fabricarla. Cuando tenemos la clave universal de la naturaleza, podemos abrir cada cuerpo y extraer lo más íntimo. La tierra filosófica está viva, reverdeciendo; es un verdadero bálsamo que preserva el cuerpo; por esto algunos la llaman el León Verde, que realmente caracteriza esta fuerza contenida en ella, que engendra, fertiliza y multiplica. Esta fuerza es el alma del mundo, que Salomón llama la llama del Señor que nunca se apaga.
La tierra primitiva, en su pureza total, es de origen divino, como el hombre, y al igual que él está dotada de un espíritu celestial. Es la Sal que nuestro Salvador llama el único bien. Es el mar cristalino del cual fluye el agua de vida, que se mezcla con el fuego del amor.
Los Antiguos hablaron de tres tipos de tierras necesarias para la Obra y que se suceden unas a otras o surgen unas de otras; pero hay solo una tierra que, según su grado de pureza, recibe diferentes nombres: la primera es la tierra de perlas; la segunda, la tierra de hojas, y la tercera, la tierra de Oro.
La tierra pura que es necesaria para nuestra Obra debe ser verdaderamente cristalina; no tiene nada en común con nada excepto con el puro éter vital; este último la atrae hacia sí mismo y ella se vuelve fecunda con sus obras. Los Antiguos llamaron a esta tierra magnética y cristalina nitrum et uitrum. Para Pitágoras, era la fijación de los rayos del sol. Los hermetistas llaman a esta fijación de los rayos solares el Sello de Hermes, porque la luz en extensión se ha concentrado en la Obra y, por así decirlo, la ha sellado. El hombre y la tierra, con sus misterios, están igualmente atrapados en las redes de la maldición y la muerte, y ambos necesitan ser regenerados. Es por medio del agua y el Espíritu que se realiza la regeneración de todas las cosas de este mundo, particularmente la de la tierra; esta última ocurre mediante la intervención de un espíritu acuoso que ha sido extraído de una semilla hermafrodita.
La tierra es el receptáculo de todos los otros elementos; cuando ha sido transformada por el fuego húmedo y por el fuego puro, se convierte en el cuarto principio que debe ser considerado como una tintura celestial.
La tierra se disuelve poco a poco bajo la acción del espíritu volátil que ha atraído hacia sí misma; entonces se vuelve líquida y cristalina.
EXPLICACIÓN DE ALGUNAS EXPRESIONES USADAS EN LOS ESCRITOS HERMÉTICOS
Cerrar el Sello de Hermes no significa que la apertura del matraz de vidrio en el que se contiene el material deba ser sellada o cerrada por fusión; se realiza mediante la cualidad coagulante y fijadora de la Sal Central o de la tierra pura y transparente, que retiene los otros dos principios de tal manera que ninguna fuerza ígnea puede separarlos si han sido unidos según los preceptos del Arte.
La palabra griega athanatos, que significa inmortal, da origen al término “atanor”. El atanor es entonces esta tierra imputrescible e incombustible en la que las fuerzas superiores se coagulan y que, sometida a la acción calórica de la digestión, madura y se seca como en un horno hasta que la tintura está lista. El Vaso de Hermes, o el Vaso Natural de los Sabios, es el agua de esta misma tintura; es una sustancia menstrual y el vientre de la naturaleza. En este vaso se llevan a cabo todos los grados de la Obra, y cuando los Sabios hablan de su vaso, se debe entender por esto su primera agua. Que la materia debe estar contenida en un recipiente artificial, en un matraz de forma adecuada, es obvio.
Cuando los Sabios hablan de un doble camino, es decir, del camino húmedo y del camino seco, solo quieren implicar que la Piedra, en el primer período de su cocción, es líquida, es decir, húmeda; pero que cuando se ha librado de su humedad superflua y se ha purificado, entonces aparece la sequedad. Por esta razón, también dicen que primero debe ser calentada porque la Piedra está húmeda, y luego debe ser calcinada porque está seca.
Las diferentes denominaciones de la Obra no deben tomarse literalmente, y es el agua única de los Filósofos la que lleva a cabo las diferentes operaciones de solución, coagulación, putrefacción, calcinación, sublimación y fijación.
La primera disolución es el comienzo de la Obra; este comienzo ha sido, con frecuencia, mantenido en secreto por los Filósofos; es, de hecho, la parte más delicada de la Obra. Consiste en destruir el cuerpo para transformarlo en un líquido espiritual.
La coagulación ocurre al mismo tiempo que la disolución; porque cuando la materia cruda se transforma en agua por disolución, el espíritu y el cuerpo se reúnen: el cuerpo se vuelve líquido y el espíritu se fija.
El lavado debe entenderse en sentido simbólico, ya que es la purificación de la tierra realizada por la acción del fuego interior.
Por lo tanto, la reverberación no es más que la acción del fuego interior.
La calcinación no es una exhalación de nuestra sustancia, sino una reintegración de la humedad radical en el cuerpo mineral después de que todo el espíritu ha sido extraído de él. Los Sabios calcinaron mediante su agua llena de fuego celestial. La calcinación es solo el efecto de la imbibición, porque es gracias a esta penetración líquida que el fuego interior aumenta en la tierra.
La putrefacción es la purificación de la humedad radical mediante la fermentación natural. La putrefacción es una combustión lenta y silenciosa; los cuerpos se disuelven radicalmente y al final solo permanecen sus principios puros.
La sublimación de los Sabios es transformar algo pequeño en algo noble y precioso. Por consiguiente, los Sabios dicen que los cuerpos son sublimados cuando se convierten en una forma delicada y espiritual. El verdadero significado de la palabra sublimar es, por lo tanto, perfeccionar. La tintura debe ser llevada a su más alto grado de perfección, de modo que ascienda al cielo y, después de haber pasado por la oscura tumba de la putrefacción, vuelva a conocer la resurrección.
Cuando Hermes dijo que la materia de la Piedra debía elevarse al cielo y descender nuevamente a la tierra, no quiso decir que la materia debía subir a la parte superior del vaso, sino únicamente que debía devolvérsele una parte espiritual que, después de haber sido coagulado tanto como fuera posible, disuelve e impregna la materia, haciéndola espiritual.
La operación repetida de disolución y coagulación otorga a la tintura virtudes, así como la capacidad de penetrar cuerpos para ennoblecerlos.
La fermentación de la Piedra no puede ocurrir antes de que esté completa; luego, ella misma es el fermento que se utiliza para fundir una porción de oro y fabricar el polvo colorante.
La incineración de la Piedra es la preparación mediante la cual se vuelve tan fusible como la cera. Esta operación se realiza empapando el polvo rojo con Azoth, cuya oleaginidad sutil le confiere cualidades de fusibilidad y fuerte penetración. Pero esta imbibición debe hacerse gradualmente y bajo el efecto de un calor muy suave.
El Globo Rojo de los Sabios es el Fénix nacido del fuego, el Oro de los Sabios, su cinabrio.
La Piedra Acuosa de los Sabios es su cristal, es el Azoth vítreo, el Palacio de la Piedra al que el rey puede ir para residir.
A veces se llama plomo al oro, y a veces se llama oro al plomo; pero este es el plomo filosófico que no se conoce en el mundo secular. Es el azufre dorado ígneo, el león rojo, la sangre del basilisco.
La sustancia ígnea y fija de la naturaleza es la fuerza interna de la semilla de las sustancias. Los Antiguos la llamaron Astrum.
El tinte con el que la naturaleza colorea el oro es, sin duda, un azufre extremadamente sutil, puro, fijo e incombustible. Si el oro va a convertirse en un colorante, debe necesariamente ser mejorado por este azufre incombustible y convertirse en una tintura pura.
El Espíritu de Vida, o, según el lenguaje hermético, el Oro potable, esa sustancia sutil y oleaginosa que constituye el núcleo más íntimo de los cuerpos, es, a decir verdad, el secreto más inefable del Arte; alrededor de él gira todo lo que se encuentra en los escritos herméticos.
Porque la Sabiduría es una Luz y de esta Luz se constituye la vida de todas las criaturas; y porque la vida es una tintura, y no se encuentra en ningún reino tan estable y constante como en el reino mineral, los hombres iluminados por el Espíritu de Dios han seguido esta luz que procede de la sabiduría oculta, paso a paso, en el reino compacto de los metales. Fue porque reflexionaron sobre el hecho de que la luz no puede tener en ningún lugar una vida más brillante que en aquellas sustancias que están menos sujetas a la descomposición. Y como la encontraron, gracias a su trabajo, en un cuerpo oscuro con un aspecto poco atractivo donde no se la busca fácilmente, la liberaron; por medio de la luz de lo alto, su origen, la colorearon, la multiplicaron y luego la usaron como medicina para prolongar la vida y ennoblecer los metales imperfectos.
UN EXTRACTO DEL ESTIÉRCOL DE LOS FILÓSOFOS
Mediante un calor moderado, se extrae de la materia metálica una cierta humedad grasa, mezclada con una tierra sutil y purificada al máximo, que se llama elixir y gracias a la cual se transmutan los metales. Pero es necesario que este calor externo, es decir, este fuego artificial, sea moderado, para que no exceda el calor intrínseco natural, de modo que este último conserve su propia humedad; porque si el calor externo es excesivo, la humedad grasa mezclada con la tierra sutil se evapora bajo la acción de un fuego ardiente y no puede permanecer en el cuerpo.
El azufre del oro, o Astrum solis, no se encuentra únicamente en el oro, sino también en otros metales como el cobre y el hierro, ya que de estos se obtiene el color rojo, y este último se prepara artificialmente elaborando la tintura a partir del spiritus mercurii.
Los azufres rojo-dorados más brillantes se encuentran en el hierro y el cobre cuando estos han sido reducidos a verdadero vitriolo, en el cual están contenidos los tres principios. Cuando se tiene tal vitriolo, se coloca en un buen matraz y primero se extrae, suavemente y luego con más fuerza, el espíritu blanco en forma de vapor; este se convierte en un licor claro que es el agua primordial. Este licor se destila nuevamente en otro matraz muy limpio. Primero aparece un espíritu blanco y sutil, que debe conservarse en un recipiente de vidrio bien cerrado. En el fondo del matraz permanecen el aceite rojo y la sal filosófica. El aceite rojo, debido a su densidad, se llama plomo u oro; es muy espeso y de una calidad muy ígnea; se extrae por medio del espíritu claro mercurial. Finalmente, queda la sal blanca y transparente de la magnificencia, la base de la Piedra; se extrae con la ayuda de un espíritu de vino altamente rectificado; después se filtra este líquido, que luego se evapora suavemente hasta que adquiere una consistencia firme.
La diversidad de colores que aparecen en el curso de la Obra Filosófica proviene del azufre interior, el verdadero autor de todas las tinturas y su diversidad, lo cual se nota en todos los sujetos, ya sean naturales o producidos por el Arte. Estos matices pueden percibirse claramente al calentar el primer sujeto universal. Pero tan pronto como aparece el blanco, el azufre natural se manifiesta inmediatamente. Este, al continuar su maduración, se vuelve rojo, ya que el blanco finalmente da lugar al rojo únicamente mediante el calor que es necesario mantener y reforzar para obtener el rojo.
El agua salada de la materia prima es el imán que atrae en abundancia los rayos solares; por su acción pueden coagularse tan fuertemente que forma como un carbón incandescente.
Si esta primera agua salada se encierra en una esfera de vidrio y se concentran en ella los rayos del sol, se vuelve gradualmente roja y de ella se puede extraer el polvo solar rojo o el azufre Aphar, la tierra seca.
Si el agua espiritual impregna y asimila el azufre rojo, se obtiene el mercurio doble o el verdadero oro potable, una medicina milagrosa. Este alma de oro no es perfecta si no se digiere suficientemente hasta que se parezca a un aceite rojo espeso. Tomamos una parte por cada diez de una cal dorada bien preparada, que empapamos y mezclamos hasta que ambos cuerpos se asimilen bien. Esta imbibición y digestión debe realizarse tres veces para que tres partes de anima se añadan a diez partes de cal dorada, y se unan íntimamente bajo la acción de un calor suave. Finalmente, esta masa se funde en un pequeño crisol, resultando en un producto rojo vitrificado.
Pero si se agrega aún más anima auri, el oro y la plata se transforman en una masa grasa que finalmente se convierte en un aceite: es el elixir.
La Piedra Fija de Sangre, o Piedra Universal, es este aceite, coagulado en un fuego de lámpara usando cal de oro, hasta que se convierte en un polvo rojo oscuro.
Si se quiere intensificar el color, se empapa una parte de ella con tres partes de Azoth (aceite ígneo de los Filósofos). Si colocamos este compuesto, bien cerrado, en calor, comienza a ennegrecerse, y después de seis a siete días estará completamente seco.
Las operaciones de disolución y coagulación pueden repetirse hasta que la Piedra se convierta en un aceite brillante que ya no pueda coagularse. Este es el fuego eterno de los Filósofos, que es rojo escarlata y puede multiplicarse miles de veces. Tal aceite tiene virtudes asombrosas; si se aplica a la raíz de un árbol casi muerto, comienza a florecer y dar frutos nuevamente. Si se mezcla con el aceite de la lámpara, arde constantemente, sin detenerse; de cualquier cristal, produce la más bella piedra preciosa. En este aceite encontramos la influencia de todos los cuerpos celestes y supera todo lo bueno que se conoce en esta tierra.
Si se desea realizar una coloración, se utiliza un crisol como el que usan los orfebres y se coloca en él una porción adecuada de azogue purificado; se pone el crisol en un fuego suave de carbón, y cuando el azogue comienza a crepitar, se vierte en él la porción adecuada de tintura envuelta en una pequeña hoja de cera. Se coloca un trozo grande de carbón incandescente en la parte superior del crisol y se hace un buen fuego. Después de un tiempo, el metal se vierte en un molde previamente calentado y recubierto con jabón. Este debe tener una forma tal que el metal salga fácilmente en forma de serpentina.
Pero es más adecuado añadir una porción de tintura completada diez veces su peso en plata en fusión, que también se transforma en tintura pura, la cual se puede añadir nuevamente proporcionalmente a otra plata en cantidad diez veces mayor; media onza de esta masa tintórea añadida a cien medias onzas de un metal de menor calidad lo transforma en oro puro.
PRESCRIPCIONES DE LOS FOLÓSOFOS PARA LA PALINGENESIA DE LAS PLANTAS
Las plantas de los Filósofos son calcinadas, es decir, que se evaporan en un recipiente cerrado, mezcladas con agua ígnea (fuego acuoso) un tipo de sal volátil en la que se oculta una virtud resurgente. Es necesario recoger las cenizas y mezclarlas con la sal fija utilizando un rocío de mayo filosófico (espíritu mercurial). Una vez bien cerrado el recipiente, este debe girarse durante un tiempo bajo la acción de un fuego moderado para que los principios se unan bien.
Solo el espíritu mercurial tiene la clave de las prisiones, es decir, de los vínculos materiales de las almas; esta es la llave que permite liberarlas y llevarlas a la magnificencia. Sus componentes son un azufre natural y un ácido natural. Por medio del agua inicial, las plantas se disuelven para formar una tierra blanca. Con la ayuda del espíritu mercurial, es decir, un aceite suave, esta tierra se reduce al estado de una pasta viscosa y grasosa que se seca poco a poco bajo la acción de un calor suave hasta que el material toma el color de una ceniza gris-azul.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a El Compendio Hermético: Vitiolum Hermeticum puedes visitar la categoría Compendios.
Deja una respuesta